Mi primer trabajo en una empresa digital

Agostina Morlini

Agostina Morlini

COMMUNICATIONS SPECIALIST. Soy periodista y comunicadora audiovisual. Trabajé muchos años como administrativa y realicé tareas de community manager. Mantengo activa mi escritura y prácticas de redacción con una web de viajes donde aplico técnicas de SEO para optimizar su posicionamiento en buscadores. Disfruto participando en comunidades de tecnología, busco cursos y videos para poder mejorar mis conocimientos y ganar otros nuevos.
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Herramientas que no conozco pero que escuché a algún amigo nombrar. Palabras que leí en algún lado, puestos que suenan parecidos a otros y no sabía de su existencia.

A los 30 años me mudé al mundo digital y arranqué en una startup de desarrollo de software. Tuve mi primer mensaje en Slack y un proyecto en Trello. También aprendí de metodologías ágiles y sumé vocabulario nuevo que capaz conocía pero no tenía sus definiciones.

Soy Millennial, y si bien no nací con un celular bajo el brazo, lo empecé a usar en la adolescencia. Era uso exclusivo para avisar por sms que había llegado a algún lugar. Pero todas las mejoras que tuvieron estos aparatos las fui viendo mientras ocurrían.

Era impensado para mí, hace 15 o 20 años atrás, poder ver una foto en el celular. La primera vez que pude agrandar una imagen en una pantalla táctil me sentí dentro de una película futurista. Ahora todo me resulta cotidiano. Ya sea hacer las compras, pedir un taxi o conseguir un turno médico. Todo desde una página web o app, sin moverme de mi casa. O desde la calle, mientras viajo en colectivo.

Estas comodidades se volvieron tan cotidianas que muchas veces pienso ¿cómo puede ser que esto no funcione? ¿No existe una aplicación para solucionar aquello? ¿Cómo no tienen un botón para acceder a tal sección?

Ahora estoy del otro lado. O de los dos lados. Soy la usuaria que quiere que todo funcione desde ayer, pero también comprendí que no todo es tan simple.

Algo que parece tan básico como un botón lleva horas de trabajo. Si una solución no existe, hay que idear un producto. Y lo de “metodologías ágiles” ahora cobra sentido. Es necesario entender cómo organizar las necesidades del negocio para construirlas de una manera que agregue valor desde el primer momento.

A estas alturas me nombran un MVP (producto mínimo viable) y ya me imagino a los desarrolladores de software tipeando código para darle forma a la solución que encontramos.

También entendí que ese botón no está ahí porque a alguien le gustó. Y acá aparecen esas siglas conocidas: UX/UI. Tenía una idea de su significado, se relacionaban con la interacción y la experiencia de usuario, pero nunca había visto los resultados de esta acción ni todas las pruebas que te llevan a eso. Comprendí la importancia de saber qué quiere el cliente y qué quiere el usuario, para comenzar la carrera hasta validar esa idea.

Tal vez para muchos todo esto es obvio. Así funciona, claro. Pero quienes nunca estuvieron detrás de la ideación de un producto creemos que muchas cosas ocurren mágicamente. Entramos a la aplicación, rellenamos los datos, le damos log in y listo. En lo que se vuelve cotidiano no nos preguntamos cómo ocurre. Está ahí, funciona. Existe y ya.